4 de agosto

4 de agosto

Catorce años han pasado. Catorce años de risas, de lágrimas, de aprendizajes y, sobre todo, de amor. Decirlo parece fácil, pero vivirlo ha sido una aventura única, con altos y bajos que nos han hecho más fuertes. 

Hace tiempo decidí que este día no sería como cualquier otro; sería el más importante de todos. ¿Qué puede ser más valioso que celebrar la vida junto a la mujer que amo?

La emoción me invadía desde días antes. Todo estaba listo: los preparativos, los detalles, la comida, el viaje... no dejé nada al azar. Este día debía ser perfecto. Sin embargo, el destino quiso jugarme una pequeña broma. A pesar de ser un día de asueto, debía trabajar. Pero ni eso iba a detenerme; mi corazón estaba decidido a regalarte el día más maravilloso de todos.

Pasé noches planeando cada detalle. Contraté a Juanito, el músico que llenaría el aire con las melodías que tanto te gustan. Luis, mi leal cómplice, lo traería a tiempo. La hermana de Telma preparó con esmero los tamalitos que sabría te encantarían, mientras Mayra me ayudaba a afinar los detalles del viaje. Incluso tu familia se unió en este pequeño complot de amor. Todos estaban ahí para asegurarse de que el día fuera inolvidable.

A las cinco de la mañana, los nervios me tenían en vilo. Con la excusa de no despertarte con el ruido —aunque la verdad era que no quería que te levantaras antes de tiempo—, me bañé en el baño de las niñas, me vestí a toda prisa y comencé a coordinarlo todo. El aire estaba cargado de expectativa, y mi corazón latía con fuerza.

Finalmente, a las seis, toqué a tu puerta. Allí estaba yo, con un ramo de rosas en las manos, mientras los primeros acordes de "El color de tus ojos" llenaban el silencio. Cuando abriste la puerta, tu rostro reflejó una sorpresa tan pura que sentí que el tiempo se detenía. Pero lo que nunca esperé fue verte aparecer en paños menores. Entre risas y una mezcla de vergüenza y complicidad, el momento se volvió aún más inolvidable.

Con cada canción que Juanito cantaba, mi corazón se volcaba en cada palabra, dedicándote no solo melodías, sino el alma misma. "Feliz aniversario", te dije, mientras tus ojos brillaban como dos estrellas.

Poco después, los invitados comenzaron a llegar. Rodeados de quienes más queremos, levantamos nuestras copas para brindar por nuestro matrimonio. Te miré, y en ese instante, con el corazón en la mano, saqué una pequeña caja del bolsillo de mi saco. Dentro estaban nuestros nuevos anillos de boda. Al deslizar el anillo en tu dedo, te pedí no otros catorce años, sino toda una vida juntos. Tus ojos, llenos de lágrimas, me dijeron lo que las palabras no podían expresar. Esas lágrimas hablaban de amor, de gratitud, de un "sí" que resonó en lo más profundo de mi ser.

A mediodía, partimos de viaje. Mientras el paisaje pasaba frente a nosotros, el verdadero tesoro estaba a mi lado: tú. La carretera se llenó de risas, de miradas cómplices, de esa magia que solo compartimos tú y yo.

Llegamos a Antigua, ese rincón mágico que parecía hecho para nosotros. Las calles adoquinadas, los colores, el aroma a historia y romance en el aire… todo se confabulaba para hacer de este día un sueño hecho realidad. La comida, el baile, el ambiente… cada momento fue perfecto, pero lo que lo hizo realmente especial fuiste tú.

Le ruego a Dios, con toda mi alma, que me permita celebrar cada aniversario contigo, porque un amor como el nuestro merece durar para siempre.

Te amo con una intensidad que no sé explicar. Y prometo, aquí y ahora, dedicar cada segundo de mi existencia a hacerte feliz, a demostrarte que no hay fuerza más poderosa que el amor que siento por ti.

1 comentario:

  1. Gracias mi cielo por recordar cada detalle paso a paso ....te amo con todo mi corazón y por siempre hasta mi último suspiro

    ResponderEliminar